Un equipo de científicos argentinos identificó un gen que permite a las plantas adaptarse cuando crecen muy cerca, se dan sombra entre sí y comienzan a competir por la luz.

El estudio fue liderado por Javier Botto, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA, CONICET-UBA). También participaron: Mariano Mejía, Gabriel Gómez Ocampo, Carla Barraza y Bruno Silvestre Lira, junto con investigadores de Brasil y República Checa. Los resultados fueron publicados en la revista científica "Plant Physiology and Biochemistry".

Qué pasa cuando las plantas crecen juntas

En los cultivos de alta densidad, las plantas reciben menos luz porque sus hojas y tallos generan sombra sobre las que tienen alrededor. Frente a esa situación, modifican su crecimiento para alcanzar zonas más iluminadas y sostener la fotosíntesis.

HALLAZGO. Planta de tomate salvaje (izq.) y mutante que no expresa el gen SlBBX20. / CONICET

El equipo descubrió que el gen "SlBBX20" contiene las instrucciones para producir una proteína que funciona como una especie de interruptor. Su papel es ayudar a la planta a reconocer la sombra de sus vecinas y regular distintas funciones relacionadas con el crecimiento, las hormonas y el aprovechamiento de la luz.

Cómo comprobaron la función del gen

Para estudiar su comportamiento, los científicos compararon plantas de tomate silvestres con otras modificadas para bloquear la expresión del gen SlBBX20.

Ambos grupos fueron sometidos a sombra simulada mediante luces y filtros especiales. También se aumentó la cantidad de plantas dentro de cámaras de crecimiento e invernaderos para reproducir la competencia natural por la luz.

Las plantas sin la proteína perdieron casi por completo la capacidad de crecer frente a la sombra, explicó Mariano Mejía, ingeniero agrónomo y becario doctoral del Conicet. Además, desarrollaron menos poros estomáticos, realizaron menos fotosíntesis y produjeron una cantidad menor de frutos. Los tomates también alcanzaron un peso inferior.

Una protección natural frente a la luz

El gen también favorece la producción de antocianinas, pigmentos que aportan tonalidades violetas o azuladas a hojas, tallos y frutos.

Gabriel Gómez Ocampo, doctor en Ciencias Agropecuarias y becario posdoctoral del Conicet, explicó que estos pigmentos funcionan como antioxidantes y como una especie de protector solar para la planta. Esto le permite soportar mejor la luz intensa, sostener la fotosíntesis y generar los carbohidratos que necesita para crecer y producir tomates.

¿Ya existe una nueva variedad?

El hallazgo todavía no significa que haya un “supertomate” disponible para productores. Se trata de una investigación inicial que permite entender mejor cómo las plantas distribuyen su energía cuando compiten por la luz.

A futuro, esa información podría servir para desarrollar cultivos capaces de mantener un buen rendimiento en espacios más reducidos y aprovechar mejor los recursos disponibles.